
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
En los oscuros años que siguieron a la Guerra Civil Española, una familia emprende un viaje marcado por la miseria, la represión y la esperanza. Tiempos de tinieblas narra con crudeza y humanidad la odisea de quienes, derrotados y silenciados, buscaron reconstruir su vida en un país herido por la dictadura. Con una prosa directa y emotiva, esta novela retrata el coraje, la dignidad y las heridas invisibles de una generación marcada por el miedo, la injusticia y la resistencia silenciosa. Una historia necesaria que da voz a los olvidados.
Félix de la Cruz Condomina nació en La Vall d’Uixó (Castellón). Es escritor y poeta, autor de obras como Viceversa, Forastero en mi ciudad, Alcayote. Su estilo combina reflexión crítica, compromiso social y una mirada poética sobre la vida y el ser humano. Con Tiempos de tinieblas, ofrece una de sus obras más íntimas y necesarias, escrita años atrás y finalmente publicada tras una larga recuperación personal. Su narrativa bebe de la experiencia, la memoria colectiva y el deseo de justicia histórica.
«Este libro no es solo una historia, es un testimonio. Tiempos de tinieblas habla de quienes no pudieron hablar, de quienes callaron su dolor por miedo o por dignidad. Si quieres entender cómo se reconstruye una vida entre las ruinas del odio, aquí encontrarás emoción, verdad y coraje. La posguerra española no fue solo una etapa histórica, fue un tiempo de silencio y de supervivencia. Esta novela es un homenaje a todos los que, sin hacer ruido, levantaron un país mientras curaban heridas invisibles. Léelo si buscas humanidad, memoria y sentido.»
«Todo comienza muchísimos años atrás, tantos que casi se habrían perdido la cuenta si no fuese el motivo de los albores, de todo el significado de lo que acontecían los anales de dicha necrología. Contiene dos partes muy dispares de dos formas de vida, de una época en que la hambruna y las penurias eran uno más entre los autóctonos pobladores de nuestras más dispares sociedades y costumbres, arraigadas en las entrañas de los rincones más ocultos de nuestras tierras, que engrandecen, en su infinita diversidad, la personalidad tan plural de un mismo país, separado por líneas invisibles, subrayadas por culturas y tradiciones, que, aun perteneciendo todos a una misma nación, éramos muchedumbre como pueblo.
Es de entender que el concepto del léxico es complejo, a la vez ambiguo, pero, en múltiples ocasiones, hay que pararse y escuchar en nuestro interior para poder comprender que una nación puede ser perfectamente pluricultural, ser diversa, pero a la vez, aunque parezca insólito y misterioso, aportar una tilde que remarque la sílaba tónica de un acento de singularidad, interiorizando las más heterogéneas e incomprensibles situaciones alrededor de un entorno que enriquece y, por supuesto, engrandece a un país único, donde todos y todas deberíamos aprender que, aun siendo nativos de un lugar, urdimos en nuestros caracteres y personalidades por diferencias culturales. Somos una multitud en hacer grande una tierra distinta al resto del mundo que nos rodea, por un motivo a la vez sólido, rocoso y consistente: la diversidad de nuestras gentes.
Ser dispares ayudó a que varias culturas se fundieran en una sola, fortaleciendo la física corpórea, uniéndonos para siempre en uno. Lo que parecía ser una concurrencia se convirtió en unilateral. La unión siempre hace la fuerza y, con el más profundo respeto, sabiendo siempre quiénes somos, hacia dónde vamos y, sobre todo, de dónde venimos, transformando todos esos pequeños trozos de tierras diversificados en sus formas de vida y cultura, en un país con un nombre propio, sobresaliendo de cualquier diferencia que hipotéticamente pudiera haberse instalado en alguna parte de la historia, de la vida cotidiana y en el proceder del ambiente político y social de nuestras más profundas raíces.
Como ya he matizado, nuestra historia transcurre en una época de hambruna, donde cualquier peculiaridad contenía una plenitud de puro sentimiento, donde, sin ningún tipo de dudas, la familia era una institución vital en todo su conjunto, donde la empatía y la amistad contenían y daban un amplio sentido a la vida cotidiana de cada individuo. En tiempos de agitación y desasosiego, donde el futuro era una ficción plena de conmoción e incertidumbre, donde Ares, el dios de la guerra, tocaba a las puertas cada día como un poseso sin paciencia, donde lo más trágico que puede llegar a suceder en un país podría terminar por desencadenar lo probable, sin que nadie en todo el resto de Europa pusiera un punto sobre la “i” para impedirlo y diera opción a una oposición, a los sonidos ensordecedores de tambores de guerra o golpe de Estado, que acechaba con una fuerza desmedida a un pueblo democrático, que se expresó en las urnas de unas eleccione tan legítimas como evidentes en su resultado, tan solo unos pocos meses atrás.
La línea de la legalidad vigente fue violada sin escrúpulos, borrando por la fuerza y no aceptando la realidad. El 17 de julio del fatídico año de 1936, el conocido movimiento armado bautizado para los anales de la historia con el sobrenombre de “alzamiento nacional”, los denominados sublevados contra el gobierno de la Segunda República, cuyo fracaso parcial terminó por dar la razón al mítico dios griego, sumergió en la fatalidad de las tinieblas y en la atrocidad al conjunto de todo un país, estallando una guerra tan horrorosa como sangrienta entre hermanos, originando cientos de miles de pérdidas humanas y, como bien se ha explicado y afirmado con la debida contundencia, por sus grietas surgieron, filtrándose, los inevitables daños colaterales, tanto materiales como personales, de hambruna y enfermedad entre la población civil, indefensa y abandonada a su suerte, en una calamidad muy evitable e incomprensible.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito 93 y Félix de la Cruz Condomina os lo agradeceremos.