
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Pablo y Álvaro llevan veinte años sin verse, desde que compartieron aulas en la Facultad de Medicina de Granada a finales de los noventa. Ambos han construido vidas en apariencia intachables: carreras de éxito, matrimonios estables y una rutina anestesiada.
Una noche, mientras cenan por casualidad en el mismo restaurante del exclusivo barrio de El Limonar, en Málaga, un incidente médico fortuito provoca su reencuentro y los cruza en el camino de Enzo: un magnate italiano de modales exquisitos y fortuna turbia. Fascinados por su magnetismo y por la promesa de romper con su propia mediocridad, ambos comenzarán a deslizarse por una espiral donde la ambición, la culpa y la violencia terminarán por desmontar quiénes creían ser.
Manuel Ruiz Correro (Sierra de Yeguas, Málaga. 1978) compagina desde hace dos décadas su labor en la docencia pública con la creación literaria y la pintura. Autor de novelas y relatos de corte realista e histórico, su narrativa se caracteriza por una prosa sobria, precisa y sugerente, donde el pulso dramático se apoya en la construcción minuciosa de personajes, el claroscuro psicológico y una contención expresiva que evita la ornamentación superflua. En sus obras explora la vulnerabilidad humana, las contradicciones morales y la atmósfera opresiva de los conflictos silenciados. Con Cosas que no me dije, se sumerge de lleno en el thriller psicológico contemporáneo, construyendo un relato tenso e intimista sobre la culpa, la carga de los secretos y las fracturas de la memoria.
«¿Hasta qué punto nos conocemos cuando las circunstancias nos obligan a quitarnos la máscara? Cosas que no me dije es un thriller psicológico que huye de fórmulas prefabricadas, artificios efectistas y explicaciones superfluas. Propone un viaje inquietante por los rincones oscuros de la mente y la convivencia, donde el suspense se cocina entre silencios incómodos, miradas esquivas y sospechas latentes. A través de una prosa concisa y desprovista de sermones morales, la novela expone las fisuras del matrimonio burgués, la cobardía cotidiana y la fascinación por el poder de decidir sobre la vida ajena. Una lectura sobria, lúcida e implacable que no busca dar lecciones, sino incomodar.»
«Me escapé al jardín. El olor a salitre del mar cercano me limpió un poco el rictus. Me senté en un banco de madera, bajo una luz tenue, intentando digerir lo que me pasaba. No era culpa. Era algo peor: la aceptación. Me convencí de que mi crimen quedaría impune y, al hacerlo, descubrí mi verdadera naturaleza. No me preocupaba el muerto; me preocupaba que me pillaran.
En esas estaba cuando apareció Sonia. Llevaba un mono verde que la hacía parecer una aparición entre los arbustos. Se acercaba con la mirada perdida, ajena a la fiesta.
—¿Tú también te has rendido? —pregunté desde la sombra.
Dio un salto. Al reconocerme, sonrió con una amargura que conectó directamente con la mía. Se sentó a mi lado. Olía a ginebra y a cansancio.
—¿Qué tal todo? —preguntó ella.
—Bien —mentí—. ¿Y tú?
—No me quejo.
—Tus ojos dicen que sí.
Me miró de frente. Su sonrisa se volvió real por un segundo.
—¿Desde cuándo eres tan observador, Pablo?
—Siempre. Solo que antes no me interesaba lo que veía.
—¿Y qué ves ahora?
—Melancolía.
La palabra se quedó flotando entre nosotros. Sonia asintió, derrotada por la puntería de mi diagnóstico. Confesó que se sentía vacía, que su vida le parecía un traje de otra talla. Habló de resetearse, de cambiar de piel, de dejar de ser la mujer que todos esperaban que fuese.
—A veces —dijo ella— dan ganas de ser otro durante unas semanas. Hacer estupideces. Cambiar de vida.
—No está mal el plan —dije yo, pensando en la vida que yo acababa de estrenar entre sangre y despachos de acero.
—Se me ocurre una idea —bromeó, aunque sus ojos no se reían—. Cambiemos. Yo seré tú y tú serás yo.
—No sé si querrías estar en mi cabeza ahora mismo, Sonia. Probablemente acabarías en un psicólogo antes del lunes.
Ella soltó una carcajada franca, de esas que te sacuden el pecho. Por un instante, el vacío que nos rodeaba se llenó de algo vivo. Nos quedamos mirándonos en silencio, un segundo más de lo que dictaba la cortesía.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Manuel Ruiz Correro os lo agradeceremos.