
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Como sin sombra es un libro de once relatos sobre la búsqueda de identidad y la tensión entre soledad y deseo, que combina violencia y lirismo, en clave de realismo mágico, noir, fantasía, ciencia ficción y terror.
En cuanto a los variopintos protagonistas, ¿huyen o buscan algo? Se buscan a sí mismos en otros, en espejos rotos, en cuadros del Prado, en maniquíes, en sitios extraños. Unos desean algo más: una chica recuerda una cita en una piscina abandonada; un hombre huraño inicia una investigación por una olvidada imagen de archivo; una estudiante se evade en un retiro wellness menos calmante de lo previsto. Otros olvidan sus deseos: unas llamadas perdidas sacuden a una pareja de profesores; una carterista huye de su pasado; una misteriosa paloma mancha una recuperación postruptura.
Jorge López Llorente (Madrid, 1998) es un escritor bilingüe en español e inglés, graduado en Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford. Ha publicado los poemarios Los ojos desdibujados (Olé Libros, 2021), finalista del Premio Valparaíso, y Dreamescapes (Alien Buddha Press, 2025), finalista del premio Poetry London. Sus relatos y poemas han aparecido en Radio Nacional de España (RNE) y han sido publicados en revistas literarias de España, América Latina, EE. UU., Canadá, Reino Unido y Serbia, como El Coloquio de los Perros, Mordedor, Granos de Polen, Revista Autores, Santa Rabia, Under the Radar, Mad Swirl y Suburban Witchcraft, entre otras, gracias a lo cual ha ganado el I Premio Mordedores de relato. Partes de sus obras también se han traducido a tres idiomas. Como sin sombra es su primer libro de narrativa en español.
«Las mezclas, las rarezas, lo inclasificable, lo ambiguo. En estas páginas hay todo eso y más: se solapan diferentes historias, distintas personalidades de personajes en crisis de juventud o de la mediana edad, con tonos variados, pero siempre inquietantes. Tanto si buscas narrativa de género como si prefieres una ficción literaria más poética, este es el libro para ti. Déjate sorprender, tanto con los giros de las tramas como con el estilo, con voces narrativas experimentales y protagonistas complejos.
Como sin sombra es la obra de un narrador, pero también de un poeta, desde la cruda realidad de un call center mediterráneo a delirios oníricos entre cabinas telefónicas rojas de Londres, desde el escapismo a tu propio reflejo.»
«Fragmento del relato Ken
Había muchas horas en las que no había más que maniquíes ahí; estábamos totalmente solos. Los maniquíes más rígidos del escaparate son y no son como nosotros, se decían entre sí: son monstruos de simetría perfecta, pero con medidas de cuerpo humano realista; son perfectos desconocidos, copias de nadies, pero cada uno tiene su estilo propio, que los clientes quieren imitar; no tienen rasgos definidos en todo el cuerpo, pero sí un rostro pintado fotográficamente, pero ni un solo pelo, pero sí orificios de orejas y nariz, pero no venas marcadas ni grasa, pero sí ojos que miran al horizonte tapado por edificios, pero sin iris ni pupilas. El brillo de los maniquíes está acalambrado de inexpresividad, contracturado de silencios, pese a las cejas pintadas, a veces arqueadas, ¿relucientes de misterios sin pistas?, con esas bocas siempre cerradas que no saben de respuestas ni preguntas, que podrían esconder dientes apretados y lenguas y voces de plástico y fibra de vidrio. Pero no. No son nada más que una impresión, no un misterio sino la impresión de un misterio, la apariencia de ombligos y sudores inexistentes. Solo una capa de blanco o de color carne o en un par de ellos de dorado, sin más. Los maniquíes del escaparate no se degradaban y apenas les cambiaban las poses. La suya era una realidad quieta paralela a la nuestra, la que vigilábamos.
En la realidad exterior, la gran mayoría de maniquíes de las tiendas, ya inutilizados, acabaron en vertederos o en contenedores de basura en callejones, según comentaba alguna persona que pasaba por nuestra tienda y se sorprendía de ver esas figuras en perfecto estado ahí. A varios exmaniquíes (si es que dejaban de serlo), una vez desechados, se les escapaban vómitos de flores o hierbajos de los cuellos sin cabezas; otros lloraban alfileres clavados en sus mejillas; unos pocos sangraban petróleo por susurros de grietas hasta que algún gamberro los acababa de quemar; y casi todos, descascarillados, se descamaban en esquirlas y polvo y plástico de burbujas estalladas. Abandonados, se liberaban de sus poses medio humanas, tirados en flexiones imposibles o con los brazos como piernas o con una pierna dislocada como cabeza y el rostro perdido, ya que no lo necesitaban.
Otra realidad diferente era la noche, la noche siempre en blanco, siempre indiferente, cuando nuestra vigilancia se volvía su vigilia, cuando más atentos teníamos que estar y cuando más se relajaban. Nunca éramos unos inconscientes ni necesitábamos tanto descanso, solo es que la noche les desinhibía. No nos sucedía gran cosa y los ruidos de la calle no les preocupaban, habituados a sonidos más extraños. Corríamos en círculos, persiguiéndonos como si estuviéramos espiándonos unos a otros; se daban más de un codazo o un susto entre ellos por diversión, con mohínes que no se veían en la oscuridad; o nos quedábamos palpando los vestidos de seda con nuestros dedos insensibles a esa suavidad. Eso sí, nunca descolocaban nada, ya que nuestro propósito era mantener todo en su sitio. Hasta que vino ese, ese punto y aparte.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Jorge López Llorente os lo agradeceremos.