
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Hormigas es un libro de ocho relatos interconectados que exploran momentos de cambio en la vida de distintas mujeres. Cada historia nace de una fotografía tomada por la autora, no como una ilustración de lo narrado, sino como un punto de partida desde el que imaginar aquello que queda fuera del encuadre: lo que ocurrió antes, lo que sucede después y todo lo que permanece oculto.
Las protagonistas, diferentes en edad, origen y circunstancias, comparten la experiencia de enfrentarse a decisiones que transforman su vida. Relaciones que se rompen, pérdidas, deseos, miedos, silencios heredados o heridas que aún permanecen abiertas atraviesan estos relatos. Con una escritura sobria y directa, Hormigas construye un mosaico de historias íntimas sobre la fragilidad, la resistencia y la búsqueda de un lugar propio en el mundo.
Gabriela Gilsanz Pastrana (Segovia, 1984) es licenciada en Periodismo y Técnico Superior en Imagen. Su trayectoria profesional ha estado vinculada al ámbito de la cultura, la comunicación y la creación contemporánea, participando en el desarrollo y la gestión de proyectos culturales en distintos contextos artísticos. Su relación con la literatura es constante, tanto desde la lectura como desde la escritura, y su trabajo creativo explora el diálogo entre imagen y palabra. Interesada en temas como la memoria, la identidad, el cuerpo y los procesos de transformación personal, encuentra en la fotografía un punto de partida para la construcción de relatos. Hormigas es su primer libro de ficción y reúne historias nacidas de ese cruce entre fotografía y literatura.
«En estas páginas laten vidas que se rozan sin hacer ruido, deseos que buscan un lugar y decisiones que dejan cicatriz. Hormigas reúne relatos que miran hacia dentro: la fragilidad, la memoria, el amor que llega tarde o demasiado pronto. Historias que avanzan en voz baja, pero que se quedan mucho después de cerrar el libro. Si buscas una lectura íntima, honesta y luminosa en sus sombras, este libro es para ti. Entra despacio. Algo de ti se quedará aquí.»
«Hormigas. Decenas de hormigas corriendo arriba y abajo. Mordisqueando, apretando, hiriendo. Avanzan impasibles, dejando atrás un rio de calambres, de cortocircuitos. Miedo, rabia, frustración, incertidumbre.
Cierro los ojos. Respiro hondo. Doy un paso, luego otro. Parece que mis pies no se han rendido, no han sucumbido al hormigueo incesante. Los miro y parecen los de siempre, nada hace pensar que al siguiente movimiento vayan a sucumbir. Tampoco mis piernas. Se mantienen estoicas sujetando el resto de mi cuerpo. Elevo mis manos y poso también mi mirada sobre ellas. Las giro y aprieto el aire, como si intentara exprimir una naranja imaginaria. Duele, pero aún se mueven, no han perdido su fuerza a pesar de las docenas de minúsculos insectos que las recorren por dentro.
Hormigas: Insectos hipersociales que suelen vivir en comunidades bajo tierra, dirigidas por una o varias reinas, cuya misión en la vida, es poner miles de huevos para garantizar la supervivencia de la colonia. Garantizar su supervivencia… ¿y la mía?
—Mamá, ¿hormigas? ¡no las veo!
—Si cariño, hormigas. Pero son imaginarias, no puedas verlas, solo lo hago yo. Mira, ¿Ves mi dedo gordo del pie? Pues empiezan a subir por ahí, caminan por mis piernas corriendo muy deprisa y llegan hasta aquí —le digo a Oliver señalándole mi mano derecha hasta mi dedo pulgar.
Me mira con sus grandes ojos marrones, profundos y llenos de incomprensión. Solo tiene dos años. No entiende. Quiere que me ponga bien, que deje de llorar, que vuelva al colegio a buscarle. Le encanta estar con su abuela, los paseos por El Retiro descubriendo como comunicarse con la naturaleza, conociendo las distintas clases de árboles, sus hojas y sus frutos.
Pero sobre todo quiere llegar a casa y sentir mis besos, el sonido familiar de mi corazón cuando lo abrazo. Quiere que le lea cuentos, que le haga cosquillas, que terminemos en el suelo riendo, los dos partidos de risa, sin dolor ni hormigas imaginarias.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Gabriela Gilsanz Pastrana os lo agradeceremos.