Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Curas torturados y asesinados, un juicio pendiente por pederastia en el seno de la Iglesia. La Policía Nacional y la Ertzaintza tendrán que trabajar codo con codo para llevar a los culpables ante la justicia, antes de que el asesino continúe tomándose la justicia por su cuenta, mientras la opinión pública defiende la ley del talión: "Ojo por ojo y diente por diente". Dos investigaciones cruzadas que pondrán contra las cuerdas la relación entre Javi e Izaskun, al frente de las comisarías de Bilbao y San Sebastián. Mientras, un secreto familiar que conoce todo el pueblo, ha resurgido con la vuelta de Izaskun a Hondarribia, que tendrá que decidir si quiere conocer la verdad sobre su pasado.
Beatriz Salas Sierra, nacida en Logroño en marzo de 1975 y afincada en Bilbao, es ingeniera industrial y trabaja para una compañía multinacional. Creció devorando novelas de Agatha Christie y Stephen King. Además de apasionada de la lectura, le encanta la fotografía y viajar a lugares antiguos. En 2022 publicó su primera novela Las Sombras de Sade y en 2024 La mujer del saco, ambientada en la misma comisaría que la anterior. En 2024, además, uno de sus relatos fue galardonado con el 3º premio del certamen BizkaIdatz en la modalidad de euskera. La venganza de Ezequiel es la tercera entrega de las investigaciones de los comisarios Javier San Martín e Izaskun Olarte.
«No niegas que la violencia existe pero no la sufres en tus propias carnes. Tus ideales probablemente podrían resumirse con la frase de Gandhi: "Ojo por ojo y todo el mundo acabará ciego". Pero si la violencia invade tu vida, ¿serás capaz de mantenerlos o descubrirás que la antigua ley del talión representa mejor tus sentimientos? Entonces, probablemente, abrazarás la filosofía de Malcolm X: "Si alguien te pone las manos encima, asegúrate de que no las pone encima de nadie más".»
«Mayo de 2019
Desde que unos meses antes un periódico nacional había destapado varios casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos y encubiertos por la Iglesia, en la Ertzaintza no se hablaba de otra cosa.
Imanol era un joven ertzaina que pertenecía a la brigada de seguridad ciudadana de Bilbao y solía coincidir en el gimnasio con un compañero de delitos sexuales. Desde que su colega le había comentado algunas de las atrocidades cometidas contra los menores por los sacerdotes, el agente sufría terribles pesadillas, en las que se veía perseguido por alguien con sotana por los pasillos de su antiguo colegio. La falta de sueño estaba afectando a su trabajo y decidió ponerse en manos de un terapeuta para tratar de evitar aquellos malos sueños. Pero lo que descubrió en las sesiones con el psicólogo fue que esos sueños eran recuerdos, y no pesadillas alimentadas por las noticias de las últimas semanas.
Imanol no podía entender que hubiera enterrado esos hechos, hasta el punto de no ser consciente de que le había ocurrido algo semejante, veintitrés años antes. Le pidió a su colega que comprobara, por favor, si alguno de los denunciados se llamaba Pascual Romero, profesor de su antiguo colegio, alegando recordar que algún compañero había dicho alguna vez que odiaba quedarse a solas con él. Su amigo le pidió también el nombre del colegio y, un par de días después, le confirmó que ese centro no estaba entre los denunciados, ni aparecía el nombre de aquel profesor entre los acusados en los otros centros católicos.
Imanol estuvo varios días dudando de esos recuerdos que habían aparecido de repente tantos años después y, aunque el psicólogo le había explicado que era una respuesta natural ante un evento traumático, él seguía sin saber si podía confiar en su propia mente. Decidió hablar con su superior de sus sospechas.
–Imanol, no puedes ir acusando por ahí a un colegio de tanto prestigio, sin estar seguro. Podrían denunciarnos por calumnia. ¿No crees que te has podido ver influenciado por las noticias? –le rebatió su jefe.
–No estoy seguro de nada. Parece todo tan real…
–Creo que lo mejor es que te tomes unos días libres para descansar e intentes aclarar tu mente –le aconsejó.
Durante la semana que estuvo de baja, Imanol se convenció de que aquellas imágenes ciertamente eran recuerdos. Eran varias las voces que habían iniciado una teoría conspiratoria entre la policía autonómica y el clero, que ostentaba desde hacía décadas un gran poder dentro de la sociedad vasca. Y el joven ertzaina se decidió a presentar la acusación en la Policía Nacional. No sabía si el profesor seguía dando clase en el colegio y, aunque era consciente de que el delito había prescrito, era algo que necesitaba averiguar. Con la ley actual las víctimas tenían quince años a partir de su mayoría de edad para denunciar, y a Imanol se le había agotado el tiempo unos años antes. Existía un proyecto de ley que pugnaba por modificar esa edad y subirla hasta los treinta años, pero para él ya era tarde.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito 93 y Beatriz Salas Sierra os lo agradeceremos.