
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Álex es fotógrafa en Madrid. Camina por el Retiro con su perra Alpha mientras escucha a Rebeca desmoronarse por enésima vez por alguien que no la elige de verdad. A su alrededor, un grupo de amigas encarna los vínculos del presente: Inés, la ejecutiva brillante que colecciona encuentros y huye del compromiso; Lucía, la actriz que ama a dos personas a la vez con total honestidad; Marta, atrapada entre dos mujeres y sus propias contradicciones. Javi el chico del grupo en proceso de sanación. Y Noa, una guionista que llega a Madrid después de escapar de una relación que le robó la voz. Historias de hoy en día es una novela sobre cómo nos queremos ahora: de forma fragmentada, digital, intensa y, a veces, valiente.
Judith Sarai Galdos (Las Palmas de Gran Canaria, 1988) descubrió la escritura en la infancia, cuando los poemas de sus cuadernos empezaron a ganar pequeños concursos escolares. Desde entonces, las palabras se convirtieron en su refugio y en una forma de entender el mundo. Ha realizado cursos de escritura creativa que le han permitido pulir su voz sin perder la esencia íntima que la caracteriza. Su primera novela, Donde no hay abrazos, exploraba el dolor adolescente y la capacidad de reconstruirse en los entornos más duros. Con Historias de hoy en día da un paso hacia el presente: las relaciones contemporáneas, el amor fragmentado y esa búsqueda constante de algo real en un mundo que prefiere lo efímero. Para Judith, escribir no es un oficio: es una necesidad vital y una forma de tender puentes.
«¿Has esperado un mensaje que no llegó? ¿Has justificado silencios que no merecías? Este libro es para ti. Historias de hoy en día no juzga la manera en que amamos, pero sí la ilumina con honestidad: los vínculos intermitentes, el miedo a quedarse, la libertad que duele. A través de Álex y sus amigas descubrirás que no estás sola en esta manera de querer tan contemporánea, tan confusa, tan humana. Una novela que se lee como una conversación entre amigas en una tarde de otoño: con risas, con verdad, con esa sensación de que alguien por fin ha puesto en palabras lo que tú llevabas tiempo sintiendo.»
«El Retiro se extendía como un pulmón viejo pero lleno de oxígeno. Entre sus avenidas de sombra y murmullos de hojas, había una esquina que se había resistido al tiempo: la Taberna El Laurel, un bar que parecía arrancado de otra época. Dentro, las mesas pequeñas de mármol agrietado y las lámparas de cobre dejaban caer una luz cálida que hacía olvidar el ruido de la ciudad.
Álex llegó antes, pidió un vino tinto y acarició distraída la pata de la mesa como quien palpa un recuerdo. Rebeca apareció unos minutos después, entrando con paso ligero, casi danzando.
—Perdona la demora —dijo, dejando el bolso sobre la silla—. Venía pensando demasiado.
Álex la miró y sonrió, sabiendo lo que vendría.
—¿María?
Rebeca bufó, se dejó caer en la silla como si su cuerpo cargara un peso invisible.
—Es que no puedo más, Álex. Me escribe, desaparece, me busca, me ignora… Y yo ahí, esperando como idiota.
Álex se acomodó, dejándola hablar. Había aprendido que Rebeca necesitaba vaciarse antes de poder escucharse a sí misma.
—Tiene eso mismo que tú no te das —dijo suavemente—: constancia.
Rebeca frunció el ceño. Sus ojos, oscuros y grandes, brillaron entre la rabia y la fragilidad.
—No… no es eso. Bueno, quizá sí. Pero es que me engancha. Cuando está, siento que floto. Cuando se va, me hundo. Es como si ella me recordara lo que valgo, pero solo cuando le da la gana.
Un silencio cayó entre ambas. Afuera se escuchaba el rumor de la calle, un vendedor ambulante pregonando flores secas, y dentro el tintinear de copas.
—Rebe… —murmuró Álex—. Lo que flota y se hunde no eres tú, es la barca en la que la dejas remar.
Rebeca sonrió apenas, con esa sonrisa que siempre parecía pedir disculpas por existir. Álex estiró la mano y rozó la suya con los dedos.
—No te castigues tanto. Tienes una sutileza que rompe lo duro, Rebe. Pero la estás usando contra ti misma.
Rebeca alzó la vista, y por un segundo se vio reflejada en los ojos de su amiga. Pequeña, vulnerable, pero con algo feroz enterrado bajo capas de dudas. Entonces sonrió de verdad. Esa sonrisa que hacía olvidar todo lo demás.
—Todas estamos un poco rotas, Rebe. Solo que unas lo disimulamos mejor que otras.
Dejaron los vasos sobre la mesa y salieron juntas de la taberna. El aire del Retiro tenía esa frescura que rozaba las mejillas y olía a hojas secas.
—¿Sabes qué pasa, Rebe? —dijo Álex al final, rompiendo el silencio—. Que al final todas queremos lo mismo: que alguien se quede. Pero vivimos en un tiempo en el que marcharse es más fácil.
Rebeca no contestó, solo apretó su brazo con ternura. Y en ese gesto, Álex encontró una certeza sencilla: aunque el amor fuera intermitente, la amistad —al menos esa noche— seguía siendo constante.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 y Judith Sarai Galdos os lo agradeceremos.