
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 50 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Un anticuario consigue, de manos de un árabe con pinta de loco, un extraño juego de la oca cuyos dados, al parecer, tienen el poder de abrir la puerta a un mundo paralelo repleto de mitos y nombres de culturas antiguas como la sumeria, la caldea, la babilónica... La sobrina del anticuario, y este mismo, al traspasar el umbral arrojando el dado, se verán en un mundo del que solo pueden salir acabando el juego. Recorrerlo conforme hacen sus tiradas los llevará a descubrir lugares y personajes enigmáticos, bellos siempre, pero terribles a veces. Todo eso les supondrá vivir un camino iniciático en el que tendrán experiencias intensas, se harán preguntas profundas y encontrarán respuestas luminosas y al fin, saldrán de él con una sabiduría que les cambiará su vida.
Emilio Ballesteros es poeta, novelista y dramaturgo con diversos premios y reconocimientos de teatro, novela y poesía, incluido en antologías de España, Alemania, Colombia, Perú, México y Argentina. Traducido a varios idiomas, con premios de narrativa, teatro y poesía en Granada, Málaga, Guadalajara, Madrid… Algunas obras: las novelas El negro (Premio Olula del Rio), Estirpe de luna y Rapsodia en negro y rojo; el libro de relatos: Edgar y yo, obras de teatro como El kiosco ´e Benito y La eternidad y el vampiro; los poemarios: Trilogía del silencio, El viaje infinito, Danzas Bárbaras (Premio Juan Ruiz de Torres; Madrid), La claridad profunda (Premio Ediciones Deslinde, Madrid), El minotauro y la luz, Fuego en la niebla o los ensayos El homo urbanitas y Matemágicas: poesía y matemáticas.
«Algunos juegos son más serios de lo que podría pensarse. A menudo, cuanto más antiguos, más valiosos. La aventura que van a vivir Adela y su tío Juan en el mundo que les abrirá el Mágico juego de la oca, los llevará a conocer personajes, pensamientos y lugares de mitologías antiguas que guardan secretos que merece la pena descifrar. Recorrer ese camino iniciático del juego, además de sacudir su vida con experiencias de una intensidad y una belleza a veces terribles, pero siempre de una belleza que duele, les hará crecer como personas, conocerse más y entender mejor la existencia. Hacer el recorrido con ellos dos será algo apasionante, pero que a la vez sembrará de preguntas a quien lo haga. Y puede que encuentren algunas respuestas a enigmas que siempre nos acompañan».
«Oannés le tendió la mano y Juan se la cogió. Oannés tiró con fuerza y Juan se sintió arrastrado hasta la entrada a una oscura galería.
—¿Temes a la oscuridad? —dijo Oannés.
Juan miró hacia el negro interior de la galería.
—Según lo que pueda haber en la oscuridad.
—En la oscuridad puede haber de todo. Es el reino de Tiamat, pero es el más apropiado para recibir la fuerza de lo desconocido. A veces puede llegar la luz y a veces la sombra; pero ambos son válidos para que el corazón busque su camino. El sol es más apropiado para la razón; aunque pueda soportar a duras penas que a veces se busque en otra luz y en otras sombras.
—Que me partan si te entiendo.
—Sígueme y me entenderás.
Y dicho esto, Oannés se introdujo en la tiniebla de la galería. Juan, no sin una aprensión que le oprimía el pecho, le siguió hacia el interior del negro túnel.
Conforme avanzaban entre la total oscuridad, comenzó a escucharse a lo lejos el ritmo imperioso y machacón de unas percusiones, como si un grupo numeroso golpeara troncos con palos y piedras a un ritmo avasallador y preciso. A medida que avanzaban, el sonido aumentaba de volumen y el ritmo llegaba a ser tan arrebatador que parecía retumbar dentro del vientre de Juan y lo arrastraba y envolvía todo. Cuando empezó a entreverse una boca por la que entraba luz rojiza y zigzagueante de antorchas, Juan no podía resistir el deseo de saltar y danzar al ritmo de la música que retumbaba dentro de su propio cuerpo y parecía golpearle a ritmo las vísceras como si fueran el pellejo de un tambor.
Llegaron a la boca, que se abría a una sala enorme iluminada con antorchas y una gran fogata, alrededor de la cual un numeroso grupo de hombres y mujeres casi desnudos y con los cuerpos pintados, danzaban con frenesí, ajenos a todo cuanto ocurría fuera de ellos. En un lateral, otro grupo, igual de ajenos a todo y con el mismo frenesí, golpeaban rítmicamente sobre tambores huecos con palos y piedras.
Oannés se incorporó sobre una roca que sobresalía cerca de la entrada a la sala y con una energía que encendía a Juan y lo hacía sentirse como la espuma, recitó en voz alta:
—Espíritu del aire y de las aguas, de la tierra y del fuego: Yo os invoco.
Llamo al poder del amor y de la libertad para que nos hagan fuertes y nos arrastren a su hermosa locura.
Llamo a la Luz para que nos ilumine y nos haga Uno en su Inmensidad.
Y a ti, Tiamat, para que tu Sombra nos sea fértil y creadora.
Y a la lluvia, para que su humedad moje nuestros corazones y nos una a la fertilidad de la Madre Tierra.
Yiaaaaaaaaah —gritó finalmente, de una forma tan espeluznante que a Juan no le quedó un pelo de su cuerpo que no se le erizara. Entonces Oannés comenzó a girar cada vez más fuerte hasta que, flotando por el aire como una peonza que levitara y sin que, por la velocidad de los giros, se le notara más forma que la de una especie de gran huevo blanquecino. En ese momento, además del ritmo de las percusiones, se oía el eco, lejano pero insistente, de la lluvia.
Juan se dejó llevar por la emoción que le embargaba y por su deseo de danzar. Su cuerpo era como una llamarada que podía ondular en el aire y fundirse con el fuego que abrasaba y encendía toda la realidad. Comenzó a girar cada vez más fuerte y a saltar alrededor del fuego, hasta que perdió la noción del espacio y del tiempo y se sintió luz en la luz».
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Emilio Ballesteros os lo agradeceremos.