
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
El mundo es de los funcionales, o así lo ve de repente Cedrik, después de que se haya despertado en una cama de hospital sin poder moverse de cintura para abajo. No se trata de que las piernas no le funcionen, sino de las trabas de una sociedad que los invisibiliza a él y a el resto. Él, que había sido la gran promesa de la natación de su país, ahora es uno más de aquellas personas de segunda.
Por otra lado, Justin, su amigo y también nadador olímpico, no tiene ni fuerza para resistir en este mundo que ha encontrado al despertar. Nadie le entiende y ha de empezar desde el principio en todo aquello que fue. Pero ¿qué ocurre si ninguno de los dos consigue que lo vuelvan a ver igual? ¿Y si son de esa clase de personas a las que los demás consideran disfuncionales?
Toriiak Roloez nació en Lugo en 1989. Como escritora se caracteriza por la introspección en sus novelas y la evolución psicológica de sus personajes. Aunque se ha formado en edición de libros y marketing, considera que no hay nada más difícil que venderse a una misma sin caer en el síndrome del impostor. Ama las noches en vela, las largas caminatas por la naturaleza y achuchar a todo animal adorable que se le cruce en el camino. Ha publicado varias novelas en Amazon.
«¿Qué sucedería si un día te despiertas en la cama de un hospital sin poder caminar? ¿Te rendirías o buscarías lo más parecido a tu antigua realidad? ¿Pero y si no te lo permiten?
Eso les sucede a Justin y Cedrik, dos nadadores que ven truncados sus sueños de futuro, cuando un accidente de tráfic o cambia sus trayectorias para siempre. En búsqueda de una normalidad que ya no existe y una dignidad que se presupone pero que nadie otorga, ambos exatletas tendrán que recorrer un arduo camino en las partes más insignificante de las tareas cotidianas.
Si te gustan no solo las historias que muestran una realidad, sino que además te las hacen sentir, no puedes perderte esta trama. Un viaje desde lo más bajo de la ralea humana hasta el orgullo nacido en la más auténtica desesperación.»
«Había cierta pesadez en sus párpados cuando intentó despegarlos. A esto se le sumaba un olor peculiar infil trado en el aire; uno que no lo hacía sentirse como en casa. Los sonidos se oían huecos, lejanos, desacordes a lo que él asociaba con su hogar.
A medida que los segundos pasaban, los retales de la inconsciencia quedaban atrás.
Con un gruñido, apretó sus ojos antes de abrirlos. Estos no le respondieron como cabría esperar en un principio. Las imágenes se superponían en una masa deforme sin sentido alguno.
Regresó a su estado inicial; la luz atravesando la fin a piel que cubría sus ojos.
Todo el cuerpo le dolía o al menos parte de él. Había algo extraño en el tacto de las sábanas, en cómo percibía su alrededor, en el conjunto que todavía no era capaz de identific ar.
En un nuevo intento por hacer trabajar la parte funcional de su cerebro, sus párpados volvieron a separarse. Con mayor éxito que la anterior vez, pudo distinguir la habitación de colores blancos en la que estaba. Era un lugar sencillo, austero, limpio. Un breve recorrido de su embotado sentido le reveló la habitación de hospital en la que se hallaba.
No…
Aquello no podía ser posible. No podía estar en ese lugar. Él debía encontrarse en su habitación, el triple de grande que esa, con unas ventanas amplias abiertas y la fresca brisa del mar entrando por ellas. Era allí donde contaba despertarse. Rodeado de paz, la suavidad de sus sábanas de seda y la liviana claridad.
Él debería de estar…
¿Un momento? ¿Pero qué día era?
Se llevó una mano a su cabeza, no sin cierto esfuerzo, y allí se topó con un grueso vendaje que cubría parte de su sien. Palpó cuidadosamente y con miedo, intentado averiguar las respuestas a tantas preguntas como se formulaban en su adormilada cabeza.
Las gasas llegaban hasta su nuca, donde los apósitos eran más gruesos. Reparó entonces en sus brazos, magullados y llenos de rasguños.
¿Qué le había ocurrido? ¿Por qué estaba allí?
Repasó el contorno de cada herida con la yema de sus dedos, intranquilo. La falta de respuestas y la confusión estaban haciendo mella en sus nervios, que siempre consideró de acero.
¿Por qué estaba solo y no había nadie con él? ¿Y su familia?
En un ataque de repentina vanidad y notando su rostro de repente un poco hinchado, se palpó asustado. Percibió lo que le parecieron unos cortes un tanto profundos, costras de lo que suponía era sangre seca y puede que hasta algún que otro punto de sutura, pero no podía asegurar nada con fir meza, pues el pánico se instalaba en él como una sanguijuela ávida de sangre.
Sus pensamientos, que pasaban por su mente con caótica rapidez, le pidieron buscar un espejo para evaluar su estado.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Toriiak Roloez os lo agradeceremos.