Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
En un verano de calor asfixiante, la propuesta de un trío desata una tormenta emocional en la vida del protagonista. Su precaria relación con Victoria, una mujer controladora y emocionalmente distante, choca de frente con la inesperada intimidad que encuentra en Olga, la nueva inquilina de su casa, una mujer herida que huye de su propio pasado.
Atrapado entre sus dos mundos, el protagonista de esta novela se enfrenta a la soledad, el sexo, la amistad y los miedos que le corroen. A través de sus ojos, explorarás las complejidades del amor y el dolor, mientras los personajes navegan por un laberinto de emociones y decisiones que los llevarán al límite. Una historia cruda y honesta sobre el derrumbe personal y la búsqueda desesperada de conexión humana.
Miguel Tapia Millán (Málaga, 1978) es licenciado en Periodismo y Máster en Dirección de Marketing y Ventas. Empezó a escribir en su adolescencia y comenzó a publicar poemas y relatos con regularidad en periódicos, revistas culturales y fanzines universitarios. Su poesía ha sido incluida en diferentes antologías y obras colectivas.
Es autor de los poemarios Talasa (2019), Hijos de Afrodita (2021), Cronos Miente (2022) y Caprichos de la luz (2023) y coautor de Las rarezas del pulpo (2024), obra teatral en verso que se estrenó en el Festival de Poesía Marpoética. Tres es su primera novela, a la que le ha dedicado varios años de trabajo.
De forma paralela, Miguel ha organizado y dirigido varios ciclos culturales en Marbella, como Versos Comunicantes, Verse o Reverso, además de revisar y corregir manuscritos de otros autores.
«Adéntrate en una novela que explora las profundidades de la soledad y la necesidad de conexión. Te sumergirás en un relato crudo y honesto sobre las relaciones humanas, los miedos más íntimos y la búsqueda desesperada de un lugar al que pertenecer.
La vida del protagonista se desmorona entre problemas laborales, amores frágiles y amistades inciertas. Acompaña a estos personajes mientras navegan por un verano que los confronta con sus pasados, sus presentes y un futuro incierto. Descubre un viaje de autoconocimiento en el que la poesía, la amistad y el sexo se entrelazan en una trama llena de secretos, engaños y, sobre todo, una esperanza latente de redención.
Si buscas una historia que te haga reflexionar sobre tus propias vulnerabilidades y la complejidad de amar, esta novela es para ti.»
«—Quiero hacer un trío con Ariel y contigo.
Me lo dijo así, con esas mismas palabras. No sé si justo antes de ese instante estábamos hablando de algo, de alguien o si nos manteníamos en silencio. Sí, recuerdo que habíamos quedado en la avenida de las Palmeras. Yo tomaba café solo, como siempre he hecho, Victoria tomaba café con leche con dos sobres de azúcar, como siempre hacía.
Aquellos meses se ocultan en mi memoria detrás de una niebla densa que solo me deja acceder a los contornos y las formas, de manera más o menos imprecisa. Sin embargo, a veces tengo destellos en los que puedo recordar detalles exactos, conversaciones enteras o cómo me sentía en una situación concreta.
Victoria te decía lo primero que se le pasara por la cabeza sin pensarlo demasiado, era impulsiva y directa. Esa forma de comunicarse la hacía parecer imprevisible, divertida y desconcertante.
Con el tiempo aprendí que medía bien sus palabras y nunca decía nada que no quisiera decir. Sencillamente, su cerebro funcionaba rápido y no perdía tiempo en pensar demasiado las cosas.
No solíamos quedar juntos en sitios públicos. Ella tenía miedo de que algún conocido de su marido pudiera vernos y se lo contara a él, pero aquella tarde de finales de junio era demasiado luminosa y benévola como para pasarla encerrados en una casa.
El verano comenzaba como una cálida extensión de la primavera. Unos días antes había llovido y la tierra rezumaba aún la tibia humedad de lo que está vivo y ansía abrirse paso. Aunque el sol amenazaba ya con mostrar su cara más extrema, el aire era fresco y transportaba los colores y la mezcla de olores de las flores de los jardines.
El día estaba siendo sencillamente perfecto hasta que dejó de serlo.
—Ni hablar —le contesté inmediatamente, casi sin pensar.
—Oye, que cuando tú me propones cosas, siempre te digo que sí —me contestó con una mirada torva.
Victoria era pequeña, quiero decir que no era una mujer alta y que tenía un cuerpo muy menudo. Los pechos mínimos, la cadera y la espalda estrechas, las piernas y los brazos delgados y el vientre plano le hacían parecer mucho más pequeña de lo que realmente debería para su altura. Tenía la piel clara; su pelo tenía el color del trigo maduro; los ojos, azules. Cuando estábamos juntos, yo parecía mayor que ella, sin embargo, ella tenía cinco años más que yo y estaba tan cerca de los cuarenta como yo de los treinta.
—Además, tú, yo, Ariel… Piénsalo: es perfecto —insistió sin darse por vencida, tranquila, como quien sabe que la conversación es prescindible porque una vez que la decisión está tomada, hablar se convierte en un pasatiempo o en un trámite tedioso e inevitable. Entre frase y frase daba pequeños sorbos a su taza, sin dejar de clavar sus ojos en los míos.
—¿No podrías proponerme hacerlo en un probador de Zara, como todo el mundo? ¿Tiene que ser un trío y precisamente con Ariel?»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito 93 y Miguel Tapia Millán os lo agradeceremos.