
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 50 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo que puede rondar los 2-3 meses.
Un hombre llamado Mateo narra su encuentro con un supuesto profeta que responde al nombre de Aedo. Su doctrina es opuesta a la de anteriores enviados, ya que no trae un mensaje de paz y concordia: «No penséis que he venido hasta aquí para repetir viejas fórmulas, porque os aseguro que todo se ha vuelto caduco y que la dirección del Espíritu ha cambiado».
Aedo libra una lucha contra una entidad secular a la que denomina la Organización, lucha que abarca distintos planos, incluido el estrictamente corporal. Mateo se verá obligado a infiltrarse en las entrañas del enemigo para combatirlo, aunque nunca le sea revelada la verdadera naturaleza de su misión.
Según atestigua el narrador, los hechos que relata son ciertos, por insólitos que resulten. Su testimonio es de época reciente y el marco de acción se sitúa en los suburbios de una gran ciudad.
Luis Alfonso López Muñoz nació en Madrid en el año 1977. Se licenció en Periodismo y Ciencias de la Comunicación en 2001 por la Universidad Francisco de Vitoria. Después trabajó en diversos medios de comunicación, fundamentalmente periódicos y revistas, lo que le llevó a vivir en distintos rincones de España.
Unos años más tarde, en 2013, publicó el libro El sueño con la editorial Atlantis, su primera incursión literaria. Posteriormente escribió otra novela, Príncipe del mundo, que fue seleccionada como finalista en el concurso literario Vuela la cometa. Actualmente trabaja en la redacción de otra novela con la tenue esperanza de concluir algún lejano día. Entre las variadas aficiones del autor se cuentan, además de la lectura y la narración, la mitología clásica y nórdica, el ajedrez y el boxeo, que ha practicado como mero aficionado.
«En este libro he querido ensayar una idea que me persigue con cierta insistencia desde hace años: la eventualidad de que un supuesto profeta, una especie de enviado, se manifieste en una época radicalmente contraria a su doctrina y sus esperanzas. En una época descreída, en definitiva.
Aun así, la principal aspiración del protagonista no consistirá en expandir su mensaje, que sabe condenado al fracaso, sino en luchar contra una organización secular a la que atribuye una perniciosa doctrina. Una lucha en la que se verá acompañado de un círculo de seguidores entre los que se cuenta el narrador de la novela, Mateo, destinado a testimoniar el paso del presunto profeta por este mundo. Este enfrentamiento físico y espiritual entre ambas facciones acontece en los deprimidos suburbios de una gran ciudad».
«Últimos días
Aedo sabía que su insólito peregrinaje por un tiempo ciego a sus esperanzas había finalizado. Para determinadas naturalezas los caminos del mundo pronto se vuelven estériles, y necesitan trasplantarse en plena primavera a su suelo natural. Pero en ese brusco tránsito sobrevienen la duda, el dolor y el sufrimiento. Él nunca ocultó que el empuje de un ciclo terminal lo terminaría devorando, y lo sucedido en el módulo superior le había sentenciado definitivamente: un conjunto de fuerzas pujantes se había coaligado para acabar con su vida. Todas apuntaban en la misma dirección, y Aedo estaba en la diana. Según averigüé después, el enemigo lo mantuvo vivo para no generar perturbaciones, pero pronto entendieron que su preocupación era infundada: la insignificancia de Aedo a ojos del mundo era tal que ese problema no existía. Él lo dijo en más de una ocasión: “Mi misión es para unos pocos”.
Dos días después recibí una llamada de Tomás. Era casi medianoche. Desde que abandonamos el edificio no había sabido de él ni de los integrantes del grupo, aunque sabía que se aproximaban jornadas decisivas.
No puedo negar que tenía curiosidad por ver si se habría operado algún cambio en él tras las experiencias vividas últimamente. Su vínculo con la Organización parecía ya inexistente, pero aún era refractario a nosotros. Todo alrededor de su figura era confuso, aunque resultaba evidente que su concepción del mundo había entrado en crisis. Llegó al piso sobre la una de la madrugada. Recuerdo que venía calado. Llovía mucho afuera y un viento huracanado embestía contra las ventanas. Las temperaturas habían descendido sensiblemente en los últimos días. Si la memoria no me falla, estábamos a finales de noviembre».
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Luis Alfonso López os lo agradeceremos.