
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
La trama se desarrolla en Salamanca y se inicia con la aparición de una joven muerta con una carta de la baraja en la boca: la sota de espadas. Se han venido sucediendo una serie de asesinatos en Madrid. Las víctimas han aparecido con una carta de la baraja en la boca, cartas que han sido correlativas. El comisario salmantino y el comisario jefe piensan que la víctima es una más de El asesino de la Baraja,. Esto hace que no encarguen el caso al inspector Rocasolano, haciéndole esperar a que lleguen los inspectores madrileños que llevan la investigación. Pero el inspector Rocasolano no está convencido por ciertos detalles. Sin obedecer las órdenes empieza a trabajar en el caso.
Una intrincada trama, con un fondo de corrupción política donde el suspense y la intriga se adueñan de la novela.
José Luís Sánchez Iglesias diplo. Educación; licenciado en Geografía e Historia y doctorado en Historia Medieval, Universidad de Salamanca. Libros Historia: Salamanca y su alfoz en la edad media. (Siglos XII y XIII), Ed. Diputación de Salamanca (2003); Los señores del azogue, Fundación Salamanca Ciudad de Cultura, (2007); Colaborador Tomo VI:“HISTORIA DE SALAMANCA”, Centro de Estudios Salmantinos, (2012).
Novelas: El último caballero pardo, Ed. Alcalá, (2009); La cuarta loba, Ed.Alcalá, (2013); El fantasma de las Torres, Ed. Amarante, (2014); Bajo las garras de las águilas, Ed. Alcalá (2017); La Calleja, Ed. Entrelíneas (2020), El salvador del Imperio. Flavio Aecio, Ed. Almuzara, (2021); Los enemigos de César, Ed. Almuzara, (2022); Hannón el Grande, el cartaginés que salvó a Roma, Ed. Almuzara, (2024); Dos pueblos, una tierra, Ed. Almuzara, (2024).
«La sota de espadas novela policiaca, donde la aparición de una joven muerta descubre toda una serie de hechos: asesino en serie, corrupción política, delitos económicos, pornografía. El protagonista es el inspector Rocasolano. Su perspicacia, su intuición y el no dejar nada al azar, sino el ir colocando todos los datos como las piezas de un puzzle le lleva a resolver el caso. Una novela que les gustará a aquellos que quieran sentarse a pasar una tarde entretenida y que se quedarán enganchados desde las primeras páginas. Una y otra vez verán echadas por tierra sus suposiciones sobre el final. Una novela dedicada a los jóvenes y a los no tan jóvenes, a los amantes de la intriga y del suspense, a la vez que les gusta disfrutar con una buena novela.»
«Hacía calor, mucho calor. Era una tórrida tarde de verano en la que era difícil respirar y, a aquella hora, a pesar de que el sol ya estaba cerca del horizonte para fundirse con él, la temperatura seguía siendo muy alta. La ciudad permanecía desierta; desde primera hora de la mañana, la gente que podía y tenía dónde, la había abandonado en busca de lugares más frescos, fuera del asfalto que amenazaba con derretirse y dejar pegados en él a los transeúntes que se atreviesen a circular por ella, como en aquella historia de terror que de niño había visto en la televisión, en blanco y negro, pues entonces todavía no había llegado a los hogares la televisión en color. En el asfalto se iba hundiendo el protagonista de aquella historia, ante la indiferencia de los que pasaban por allí, hasta desaparecer completamente tragado por aquel. Ahora no había ese riesgo, nadie circulaba por la calle y ni siquiera los gorriones o vencejos habían salido de sus nidos a revolotear ruidosos, como habrían hecho cualquier otra tarde.
El inspector Íñigo Rocasolano permanecía tumbado en el sofá de su casa, un sencillo y pequeño apartamento situado en el centro de la ciudad, justo al lado de la Plaza Mayor, por el que pagaba una buena parte de su sueldo, soportando aquella tarde soporífera de domingo, haciendo, de vez en cuando y entre cigarrillo y cigarrillo, una visita a la ducha para refrescarse por fuera y al frigorífico para tomar una cerveza bien fría y refrescarse por dentro. Ya llevaba varias, duchas y cervezas, y el calor no remitía. La ventana de la habitación permanecía abierta esperando una bocanada de aire fresco que no llegaba y en su lugar, a través de ella, se colaban las voces e imprecaciones de los parroquianos de la terraza del bar de abajo, que mataban la tarde y el calor con una partida de cartas y unas cuantas copas, como todas las tardes de domingo. Como música de fondo, la última canción de moda que el aparato de música de algún vecino repetía constantemente y que se temía no conseguiría sacarse de la cabeza en mucho tiempo, pues su música, pegadiza y repetitiva, llevaba sonando toda la tarde. ¿Es que acaso no tenía más canciones? Tentado estuvo de acercarse a su tocadiscos, porque él era de los que todavía tenía tocadiscos y discos de vinilo, y poner alguno de los muchos que coleccionaba y que ahora solo se escuchaban en algún programa de los de música de hacía tiempo. Sin embargo decidió que era mejor volver a pasar por la ducha de agua fría y coger otra cerveza del frigorífico que, por cierto, tendría que reponer, pues ya era la última.
Cuando cerró el grifo de la ducha le pareció oír, entre la canción del verano que una vez más volvía a oírse y las “cuarenta en copas” que uno de los jugadores de la partida de la terraza de abajo había cantado, el sonido del teléfono móvil, pero cuando quiso acabar de secarse y llegar hasta donde lo tenía, este había dejado de sonar. Miró la llamada. Era del subinspector Antonio Heredia y, por lo que la pantalla reflejaba, no era la primera vez que le había llamado esa tarde. Tenía otras dos llamadas suyas. Debía de ser importante y supuso que la tranquilidad y el aburrimiento de aquel domingo caluroso se esfumaban por la ventana de aquella habitación. Se dirigió al dormitorio para vestirse mientras devolvía la llamada al subinspector. Este debía de tener el teléfono en la mano pues apenas si dio tiempo a que sonara.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 y José Luís Sánchez Iglesias os lo agradeceremos.