
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
En un mundo devastado por una catástrofe y gobernado por tiranos que ocultan la verdad, Lyna, una joven marcada por una antigua profecía, descubre que puede cambiarlo todo. Perseguida por ejércitos y secretos del pasado, deberá dominar sus poderes y tomar decisiones que podrían costarle la vida. Junto a Sylver y un grupo de aliados inesperados, recorrerá ciudades misteriosas y túneles secretos en su lucha por salvar a sus seres queridos.
Una historia épica de magia, aventura y rebelión que cuestiona quién tiene derecho a decidir sobre el mundo y demuestra que incluso los más jovenes pueden luchar por lo que nos pertenece por derecho: la libertad y la verdad.
Daniela Barder comenzó a escribir a los trece años, encontrando en las palabras un salvavidas y en la literatura un espacio de libertad. Desde entonces, la escritura se ha convertido en una forma de explorar la imaginación, transmitir emociones y despertar preguntas sobre el mundo que nos rodea.
Decidida, persistente e imaginativa, encuentra inspiración en los libros, los viajes y el tiempo compartido con las personas que más quiere. Su pasión por crear historias la impulsa a explorar distintos géneros y temáticas, desde las relaciones humanas y los sentimientos hasta la fantasía y las cuestiones sociales. A través de sus proyectos literarios, busca construir mundos que entretengan, emocionen e inviten a reflexionar.
«La reina del mundo es una historia de fantasía, magia y rebelión que invita a mirar más allá de lo evidente. En un mundo caótico donde el miedo se convierte en una herramienta de control, la historia de Lyna nos recuerda la importancia de pensar por nosotros mismos, recuperar nuestras propias convicciones y atrevernos a cuestionar aquello que nos rodea. Porque, en ocasiones, el mayor acto de rebeldía no consiste en luchar contra quienes gobiernan, sino en aprender a ver con nuestros propios ojos.»
«Cuando salí a la superficie me encontré tras una especie de caseta de vigilancia, vacía. No quise preguntar; casi no quería ni respirar para no emitir sonido alguno. Aquello estaba lleno de coches y guardias, y me preguntaba cuáles serían los infiltrados de Niala.
—Lyna, tranquila —me dijo Pluma mientras me llevaba del brazo—. Tú sígueme el juego y, por favor, en ningún momento desconfíes de mí ni te asustes. Si estás de acuerdo, asiente con la cabeza, y si no, vuelve por donde has venido.
Asentí, ya que no me quedaba otra. Debía salir de allí.
—¡Vamos, piltrafa! A la cola de la muerte —ordenó Pluma.
Aunque ella me había dicho que no me asustase, no pude evitar palidecer con aquel concepto. ¿La cola de la muerte? —me preguntaba a mí misma—. Pero según andábamos lo comprendí.
—Aguanta el tipo —me susurró Pluma.
La escena ante mí era indescriptible y dolorosa. Ancianos y personas que ya no servían para sus trabajos —como los «zombis» de la excavación que arrastraban los pies— estaban haciendo cola para entrar en una especie de almacén del que, por el nombre, parecía indicar que jamás saldrían.
Mientras andábamos, mis lágrimas amenazaban con asomar, pero tragué saliva. ¿Qué estaba ocurriendo? Sabía que Slot era malvado, ¿pero esto? —pensaba, confusa, mientras los guardias nos observaban con atención.
—¡Eh, vosotros! ¿Qué narices estáis mirando? ¡A trabajar! —exclamó Pluma ordenando a aquellos guardias, mientras mi desconcierto era todavía mayor.
Pluma era la jefa allí, pero entonces ¿cómo podía permitir que existiese la cola de la muerte? —me preguntaba mientras veía cómo nos acercábamos cada vez más a aquella fila donde las personas ya estaban completamente desesperanzadas, como si no tuvieran ni corazón, ni alma, ni un atisbo de luz al que aferrarse. Habían aceptado su destino, todos con los ojos entornados y la mirada clavada en un punto fijo hacia adelante, pero sin mirar realmente a ningún lugar.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Malas Artes y Daniela Barder os lo agradeceremos.