
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Un narrador sin cuerpo ni vida real, un simple ente literario, decide, para facilitarse la escritura de su primera novela, contarle a Eva, su protagonista, que es un personaje. Lo que logra, contrariamente, es que Eva decida participar en la escritura de manera directa, tratando de controlar su propia vida. Estas intervenciones, unidas a las del narrador, convierten la novela en una sucesión de ideas antagónicas a las que se unirá una tercera voz, la del lector ideal, que criticará el desarrollo del texto y advertirá al narrador de las intervenciones de Eva. Con una trama sencilla, la vida de la protagonista y su familia, alterada por el embarazo de la hija de aquella, y utilizando la metaliteratura, a lo largo de la novela se pretende hacer una reflexión profunda acerca de la existencia humana y la creación literaria.
Inma Arteta nació en Madrid en 1983, aunque sus orígenes son navarros. Se licenció en filología hispánica en la Universidad Complutense de Madrid, con una especialización en literatura española del siglo XX, y actualmente trabaja como profesora de Lengua castellana y literatura. Gestación es la primera novela que escribió, aunque tiene otra publicada. Algunos de sus escritores favoritos son Lorca, Unamuno y Cortázar, además de Edgar Allan Poe y Virginia Wolf.
Con respecto a su estilo, trata de innovar en cuanto a los recursos literarios, por lo que deja de lado la novela tradicional, en la que importa más lo que se cuenta, y opta por tramas sencillas y un estilo complejo, dando más importancia al cómo se cuenta. Su intención a la hora de escribir es una sencilla necesidad de expresarse, así como de intentar entender el mundo y a sí misma.
«Creo que el atractivo de la novela reside, en un primer acercamiento a ella, en las intervenciones metaliterarias del narrador que, más adelante, conforman un diálogo poco común con la aparición del lector ideal. Por otra parte, opino que resulta liberador que la novela rompa con la rígida clasificación de género, puesto que la metaliteratura empleada solo sirve como marco para hacer una reflexión profunda sobre la existencia.
Con respecto a esta reflexión, pienso que la creencia de la protagonista de que el ser humano no es tan excepcional, es una idea a tener en cuenta, puesto que puede llevarnos a relativizar nuestra existencia. Por otra parte, la novela está creada desde el amor por la Literatura en general, tratando de crear algo tan especial como las novelas que han marcado mi vida.»
«Hace más de un mes que llueve incesantemente, y el día de hoy no es la excepción. Es lunes, o quizá martes. Y el mes... noviembre. Me gusta cómo suena (noviembre). Siempre me han atraído las palabras en las que aparece el mismo sonido más de una vez en su interior, como en féretro la e y la r; son palabras que se reafirman con su insistencia, palabras con eco. Además, si calculo los meses y cuándo sucederá el nacimiento, debe ser a partir del mes citado cuando se desarrolle lo que voy a contar. ¿Que qué es lo que voy a contar? De lo único que estoy seguro (aparte de la presencia de un nacimiento en el texto) es de que quiero que lo que escriba me sirva para conocer mejor a esos seres que tanto me fascinan: los humanos.
Quiero saber cómo es estar vivo y tener un cuerpo, yo que no tengo ni manos ni pies ni voz, que solo soy un mero ente literario. Y sé que, para conseguir mi propósito, necesito que mi protagonista resulte lo más realista posible, en el sentido de real, de que exista de verdad. Y es que no todos los personajes de las novelas que he leído (porque he leído mucho acerca de ELLOS) actúan como lo hacen las personas en la vida real, ni mucho menos, y yo no quiero que mi protagonista cumpla con un papel determinado; será, simplemente, uno de ELLOS, y me enseñará cómo es serlo. Para lograrlo, necesito que sea un personaje maduro, con experiencia, “vivido”, que haya sentido y percibido lo que yo nunca seré capaz de vislumbrar.
Debe tener... unos sesenta años, y la noticia del embarazo de su hija será para él una sorpresa y le hará reflexionar sobre la vida... Lo que más me interesa es saberlo todo de la vida, y seguro que el hecho de tener tan cerca de él a una futura nueva existencia, hará que me muestre todo lo que deseo ver. Porque él... ¿Él o ella? No sé si elegir a un hombre o a una mujer para que me guíe. Si no tuvieran sexo, como los narradores o los lectores, no tendría este problema. Y es que sé que existen diferencias que los distancian, que les hacen vivir de forma distinta, aunque a mí me gusten ambos por igual. ¿Qué elijo entonces? Debí pensar en ello antes de ponerme a escribir aquí. Pero claro, ya es demasiado tarde para echarse atrás.
¿Quién me mostrará más cosas? Los dos tipos respiran y sienten y se mueven... Físicamente, no son excesivas sus diferencias, aunque ellas... Ellas pueden dar a luz... Sí, elegiré a una mujer. Así recordará cómo es llevar a un ser creado dentro, literalmente hablando, al tener embarazada a su hija. Y hasta aquí lo que tengo decidido. A partir de estos puntos he pensado que me dejaré llevar por donde mi protagonista me conduzca, puesto que tampoco tengo un final para mi relato.
No me preocupaba en absoluto esta cuestión hasta que leí hace pocos días un texto en el que Edgar Allan Poe habla de cómo compuso su poema El cuervo. Dice en el que un plan cualquiera, como la escritura de un texto, debe trazarse previendo el desenlace; a partir de este se desarrolla la composición de todo el plan. Mi problema era, y es, que yo no tengo la menor idea del final de mi relato ni de su objetivo. Pensé entonces en desistir en mi idea de escribir y en volver a leer, pero entonces comprendí que mi relato no tiene por qué tener final ni intención de causar efecto alguno en quien lo lea, más que nada porque quizá nunca lo lea nadie. Mi verdadera intención, comprendí, era escribir por escribir, “el arte por el arte” (interpretando esta frase de un modo muy personal, claro, y aunque no sea arte lo que salga de estos dedos inexistentes). Me di cuenta de que solo era un narrador ocioso que carece de objetivos e intenciones, excepto mi propia satisfacción, que se verá satisfecha, valga la redundancia, “viviendo” en las páginas que llene. Cerré entoces (metafóricamente hablando; yo no tengo manos para cerrar nada), al volver a animarne a mí mismo a lanzarme de lleno en la escritura, el libro de Poe, y me dispuse en aquel momento a comenzar el relato o cuento o novela satisfecho de pensar que iba a ser algo intrascendente lo que iba a crear, como lo será la vida de mi protagonista, una mujer que no hará grandes descubrimientos ni servirá a la sociedad de forma especial, sino que, simplemente, vivirá.
Y aquí estoy, escribiendo ahora hasta no sé cuándo. ¿Cómo comenzaba mi relato? ¡Ah, sí! Ya lo recuerdo. Escribí antes que hace más de un mes que llueve incesantemente.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Inma Arteta os lo agradeceremos.