
Colaborando en esta campaña preventa recibirás el libro en casa antes de que entre en circulación, para que esto sea posible nos hemos propuesto alcanzar en torno a 40 reservas, para iniciar los procesos de edición justo después de finalizar la campaña; en un plazo de unos meses.
Carolo, un alcohólico reconvertido en ladrón de poca monta, malvive en Castellón. Un trabajo aparentemente sencillo lo arrastra hacia una cadena de situaciones cada vez más turbias. Mientras intenta conservar una mínima parcela de libertad, descubre que escapar de una vida escrita por otros puede tener un precio demasiado alto. Entre humor negro, violencia y una ciudad convertida en territorio hostil, Carolo se verá obligado a avanzar hacia un desenlace en el que ya no será posible volver atrás.
Pablo Abella Sánchez es escritor y guionista. Es autor de Carne de perro flaco (Azur Ediciones, 400 ejemplares vendidos), obra que ha circulado por librerías, ferias y espacios literarios. Ha publicado relatos en la revista La Última, de Ediciones RaRo, compartiendo número con autores como Pedro Juan Gutiérrez, trilogía sucia de la habana. Cursó estudios de diploma y guion de cine en el Taller de Guionistas de Barcelona, formación que ha influido en el ritmo y la mirada cinematográfica de su narrativa. Su escritura combina realismo descarnado, humor negro y personajes situados en los márgenes.
«Si te gustan las historias de personajes al límite, el humor negro y las novelas que no necesitan héroes para mantenerte en vilo, El aliento del perro es para ti. Aquí no hay buenos contra malos ni salvadores esperando al final del camino. Está Carolo, una ciudad que aprieta y un puñado de personajes que harían casi cualquier cosa por salir adelante. El aliento del perro mezcla humor negro, violencia y una mirada descarnada sobre quienes viven fuera del lado cómodo de la vida. Castellón aparece convertida en un territorio calcinado y hostil donde cada decisión tiene consecuencias. Si buscas una novela con ritmo, mala leche y una voz propia, acabas de encontrarla.»
«Tenía la impresión de que las cosas se habían congelado: ni avanzaban ni retrocedían, como si fuera otro quien tomara sus decisiones y —respecto a él— no fuera a tomar ninguna. Solo cabía preguntarse si había llegado al punto de no retorno, ese que vislumbra una caída sin fin hacia el abismo.
De repente recordó aquella vieja fábula que de niño lo inquietaba, más bien la evocó para recuperarla del pasado: la alegoría del soldado y de las tierras:
Una guerra provoca el reclutamiento forzoso de los jóvenes. Un médico, previo pago, otorga justificantes a las familias adineradas para que sus hijos esquiven el reclutamiento. La guerra acaba con la vida de los soldados. Las familias no pueden prosperar sin la ayuda de sus hijos, por lo que se ven obligadas a vender las tierras. Las familias ricas, aprovechando la situación, compran, a bajo precio, las tierras de las familias cuyos hijos han muerto, creando de este modo un latifundio. En resumen, estos son los gladiadores que requiere el imperio, dispuestos a sacrificarse en aras de unos pocos.
Aquella historia lo llevaba siempre a la misma pregunta. ¿Cómo burla uno la obligación? Para, en todo caso, poder decir: soy yo quien mueve los hilos, quien decide mi futuro. De golpe, le sobrevino la respuesta: la estrategia de la tortuga.
—Así tienes que pasar por la vida —se dijo—, apartando a manotazos lo que impida tu camino.
Permaneció en silencio. Sabía que eso era únicamente el principio. ¿Pero qué vendría después del primer impulso? ¿Qué esperaría encontrar en la superficie? ¿La vieja muerte sujetando la misma guadaña oxidada de siempre?
Daba igual. Lo importante no era mantenerse vivo, sino mantenerse humano.»
Por otro lado, independientemente de que colaboréis realizando vuestra reserva o no, en ocasiones no se puede, sería una inestimable ayuda que os hicieseis eco de esta campaña a través del boca-oreja o por redes sociales... la Cultura, Distrito93 e Pablo Abella Sánchez os lo agradeceremos.